¿Te ha pasado alguna vez que lees un artículo en un blog, que parece que “te está diciendo algo”, pero que al final te deja cierto mal sabor de boca?
Está escrito en segunda persona (Qué tienes que hacer para…), habla sobre el problema que TÚ tienes (vender más, encontrar trabajo, etc.), pero cuando te habla de sus recetas, de sus soluciones, sientes que el autor del artículo no ha comprendido la singularidad de tu situación.
Es decir, está simplificando demasiado.
Te ha generado expectativas, sí.
Pero, al leer el post, no te sientes comprendido.
El autor no ha logrado empatizar contigo. Y digo contigo, porque es posible que con otras personas sí lo haya logrado.
Si tú también te has encontrado con este problema, créeme que es mucho más común de lo que te parece. En este post quiero hablarte acerca de la empatía y de cómo podemos dejar esa impronta en nuestros textos.
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